La dinámica destructiva
de la que yo iba picoteando poquito a poco,
me sacudía
y se notaba en mi pulso,
como mis manos temblorosas buscaban un ápice de ayuda en cualquier rincón de aquella ciudad,
aquella ciudad que se cernía sobre mí
y cuyas nubes,
CUYAS NUBES descargaban toda su lluvia sobre mí.
Y no hacía falta nada,
nada de nada,
pero nada,
para que sus ojos se tornasen blancos,
para que su cuerpo tembloroso volviese
a dar vueltas por aquella pequeña habitación sin rumbo fijo..
... tan solo, tan solo la falta de ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario